“ESA PERSONA NO ME GUSTA”

“Nunca tendrás una segunda oportunidad de causar una buena primera impresión” (Anónimo)

La formación de impresiones es algo que está a la orden del día, lo hacemos habitualmente y casi sin darnos cuenta cuando interactuamos con las demás personas, sobre todo cuando es la primera vez que nos encontramos frente a ellas.

La manera en que percibimos a las personas y la impresión que nos formamos de ellas a partir de ese primer encuentro es un factor muy importante y, en muchas ocasiones, hasta determinante de la relación que pueda darse a lo largo del tiempo.

Los experimentos de John Bargh de la Universidad de Yale, han demostrado que nuestro cerebro apenas se basta de décimas de segundo para formarse la primera impresión. Esa sensación no proviene de nuestro córtex, no surge de nuestra parte racional, sino de la amígdala, que es la encargada de lidiar con nuestras emociones. La primera impresión no surge de una conclusión lógica y razonada, es más bien una sensación inconsciente que decanta nuestro corazón hacia un lado u otro.

El ser humano es social por naturaleza, necesita relacionarse a lo largo de toda su vida, por lo que la formación de impresiones resulta un aspecto muy relevante en el inicio de nuestras relaciones con los demás.

En 1946, Salomón Asch ya estudió este fenómeno. Según él cuando conocemos a alguien, nos formamos una primera impresión global a partir de los fragmentos de información que recibimos sobre ella, esa impresión se percibe como una imagen en la que se van integrando todos los elementos para formar una configuración general. Los rasgos o características de la persona se relacionan unos con otros, pero no todos tienen el mismo peso en la formación de la impresión final. Las características que más nos llaman la atención o más nos gustan tendrían más valor e importancia y pasarían a formar rasgos centrales de esa persona en nosotros, mientras que las demás, serían rasgos periféricos o menos importantes.

Como podemos ver, la formación de impresiones es muy subjetiva, lo que sería bueno y válido para una persona no tendría porque serlo para otra, por eso una misma persona puede caer muy bien a una persona y muy mal a otra, ya que también entran en juego las características propias de cada persona, personalidad, afinidades, apariencia física, gestos, actos

En el experimento que hizo Asch, se comprobó que las ciertas características podían influir mucho más que otras en la formación de impresiones.

Experimento:

Describimos a una persona como: Inteligente, decidida, habilidosa, trabajadora, afectuosa, prudente y práctica. Y a otra como: Decidida, habilidosa, fría, inteligente, trabajadora, práctica y prudente.

Si a continuación pedimos que se amplíe esa lista de características con algunas más que pensemos que poseen esas personas, es más probable que a la primera se le otorguen en mayor medida rasgos como: generosa, feliz, sociable, afable… y a la segunda, rasgos como: perseverante, seria, contenida…

En definitiva, las primeras impresiones resultan muy importantes, pero no deberíamos dejar que éstas sean el centro de toda nuestra concepción futura de la persona, no todos estamos en nuestro mejor momento todos los días y errores podemos cometer todos, lo importante es saber solventarlos y sobre todo no juzgar a los demás antes si quiera de haberlos conocido.

“La intuición es poderosa; a menudo, sabia, y a veces, peligrosa” (David G. Myers)

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